Infinito

Sonando: Vivimos siempre juntos (Nacho Cano)

No le diremos a nadie cómo nos conocimos,

si se hizo la noche aquel día, si fueron tus labios o fueron los míos.

Y no contaremos tampoco, cómo fue que crecimos,

viajando adentro y afuera, los dos recorriendo el mismo camino.

Callaremos muy fuerte todo lo que nos dijimos,

miradas, palabras, silencios: fuimos, en la sombra, dos cazadores furtivos.

Maldito seas, tiempo, siempre que quisiste haberte ido,

mas gracias por quedarte cuando te volviste eterno e infinito.

Ni cómo, ni cuándo, ni dónde, ni locura cuerda o sin sentido,

no le diremos a nadie que soy muy tuya, y tú muy mío.

 

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

Poesía basada en hechos reales

Sonando: Un giro teatral (Manolo García)

Cuando todo flota en el aire,

cuando nada está decidido.

La vida se retuerce, tu vida se retuerce,

fuerte, brusca, imponente,

como si de nuevas hubiera surgido.

Mas no te asuste asomarte al abismo,

hondo es y aterra lo desconocido.

Que si caes yo caigo contigo,

que todo depende de un giro.

Que si de mí dependiera, girarías conmigo.

 

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

 

Every teardrop is a waterfall

Sonando: Fix You (Coldplay)

…y me sumergí en aquel mar de aguas cristalinas y brillo escarchado, ni sé por qué lo hice, no hubo razón primera, solo me dejé a su merced, a la del instinto que me empujó a ello, abandonarme en aquel océano infinito de superficie iridiscente y profundidad azabache, que asusta y atrae a partes iguales, venciendo por fin el irrefrenable deseo de ser yo ese agua, y de ser ese agua mi propio ser.

Y bucear en la inmensidad de lo inmenso significa perderse en las entrañas de algo que nunca se acaba, mas supone también un horizonte de distancia eterna, que dura la vida, una vida entera, y que lo inunda todo, y que igual que fatiga la sola idea de tener que recorrerlo, tener que recorrerlo amenaza el cometido más maravilloso de esta vida mía.

Así que, valiente de intenciones y libiana de preocupaciones, en esas me encontré yo, deslizándome por el precipicio que aboca al abismo, fea cosa le parece al oído. Pues resultó la inmersión la experiencia más cálida que sintieran jamás mis entrañas, y me acomodé, y me regocijé en ese agua que, para mi asombro, olía a madera, a roble fornido, a pradera, y pensé entonces que sí existía paraíso sobre la faz de la Tierra.

Más tarde llegó , inexorable, el ocaso, con la oscuridad por bandera, y las aguas se tornaron turbias, y subió la marea. La calma fue bravura, hubo olas guerreras. Y me dolía, y le dolía, y lloró, y lloré, y por aquel océano encontré una salida, río de lágrimas surqué, y acababa aquel camino cuando ya solo pensaba que era El Fin ese destino.

Al irse la tempestad regresó la que siempre impera, y sin palabras mediante, todo volvió a ser lo que era. Arduo encontrar modo y manera para explicar los caprichos de la naturaleza, antojo el mío cuando alcanzó mi mirada el balcón de tus ojos, y…

…me sumergí en aquel mar de aguas cristalinas y brillo escarchado, ni sé por qué lo hice, no hubo razón primera…

Pronto más regaliz para dos, amigos.