Adiós

Sonando: Frágiles (Pereza)

Hagamos de este texto una sala sin paredes, sin puertas, sin ventanas ni techo.

Aquí estamos tú y yo, y ellas, y ellos. Aquí están, sin vida, las personas que viven ahora, tan cerca, todavía más lejos.

Se fueron marchando sin ruido, lentamente y en silencio. Dijeron “adiós” muy bajito, en un suspiro, tan débil como el hilo que pendía de sus cuerpos.

Toda la vida esperando la muerte algún día, y resulta que la muerte, al final, era esto. Qué mente sagaz y retorcida podía prever tal entuerto. Ni la suya, ni la vuestra, ni la mía; pero aquí estamos, tú y yo, y ellas y ellos.

Diciendo adiós, en una sala vacía, a quienes ya no están porque marcharon, porque se fueron. Despacito y en silencio, ahogándonos en esta despedida, con la espinita clavada de que no pudimos acompañar el inicio de sus vuelos.

No estáis solos, os digo, al igual que les habríamos dicho a ellos. Y con estas palabras tiendo mi mano y te abrazo con bravía, y lloro tus lágrimas y te envío consuelo. Porque aquí, en esta sala, estamos tú y yo, y ellas y ellos. Quienes volaron, en realidad, volaron pero no se fueron. Y saldrá el sol algún día, emanando el calor que fue frío primero. Comprenderemos entonces aquella osadía… Despedirse lejos es despedirse ciegos, y mira tú qué curiosa alegría, lo mismo que mirar al sol que ilumina y calienta, que son ellas, que son ellos.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

A la memoria de las personas que vuelan en época de coronavirus, en especial a la de Carlos Bronchalo, y a todas las personas que se quedan, que nos quedamos, faltas de despedida.

El (pen)último

Sonando: Salud (Los Rodríguez)

Bienvenidos a mi bar. Habrán llegado hasta él guiados por el rótulo de neón color rosa que prende de algún lugar, en la inmensidad del cielo oscuro. Adelante. Están en su casa. Pueden sentarse allí o acá, pónganse cómodos. Y no tengan prisa por marchar, hoy no hay relojes que más valgan que su presencia, que es mi compañía.

Es día de brindis y les vengo a convidar. Así que descorcho esta botella que les traigo, y que se vuelca en raudal infinito hacia todas las copas vacías. Este no es un brindis cualquiera. Es el último. Es el que se hace con el camino prácticamente andado, con los pies encallados y los hombros doloridos de soportar el peso de todo un año. Otro más que se nos va, otro más que se nos queda.

Alzo mi copa a lo alto. Va por ustedes, aquí viene el primero.

Brindo porque estamos y porque hemos venido. Que no solo ser es estar, no solo estar es haber sido. Muchos años a cuestas, quizá no tantos los realmente vividos.

Brindo por el espacio que deja, cuando nos deja, alguien a quien hemos querido. Alguien que todo lo llena, llena también el vacío.

Brindo por cada vez que lloramos: de dolor, de alegría, de tristeza o sin sentido. Lo que ayer fueron lágrimas, hoy son raíces, cimientos, respuestas y copas de vino. (Como esta).

Brindo por el sonido de tu risa, de la mía, de la armonía compuesta riendo y riendo un año más aquí contigo. Brindo porque es el alma lo que suena, felicidad lo que resuena y porque ambos fuimos testigos.

Brindo por lo que callamos, lo que dijimos, lo que pensamos pero no nos atrevimos. Brindo con fuerza y poderío, pues sé que hay palabras que debieron salir, y otras que jamás debieron haber salido.

Brindo por el esfuerzo, por el trabajo, por el sudor y el sacrificio. Y qué dura la tarea de hacerlo, pero qué satisfacción cuando lo has conseguido.

Brindo por los ojos que se miran y se hablan sin sonido. Ssshhhhhhhhh…

Brindo por los aciertos y por los errores cometidos. Y ya siento el calor en mis venas, pero ni borracha me arrepiento de haber logrado y de haber aprendido.

Brindo por quienes, nos pareció, vinieron a este mundo para maltratarnos y herirnos. Brindo por nuestra infinita compasión, brindo por el perdón, brindo por esas piedras en mitad del camino.

Brindo por la ensoñación, la imaginación, la fantasía y el delirio. Brindo por la pasión, la locura y por el impulso de saltar al vacío.

Brindo por el miedo que pasamos y paralizó nuestros sentidos. No era el final aquello, era una prueba más de que no estabas dormido.

Brindo por el amor, tan simple y complejo en sí mismo, tan lleno de matices como estas últimas gotas de vino.

Gracias por su asistencia y por haber brindado conmigo. Y ahora, si son tan amables, diríjanse hacia la salida 2018 con paso firme y decidido. Sean conscientes, sean pacientes. Sean valientes. Recuerden que la razón de la existencia no es otra que vivir. Dedíquense plenamente a ello y por favor: cierren la puerta al salir.

Pronto más regaliz para dos, amigos.