El (pen)último

Sonando: Salud (Los Rodríguez)

Bienvenidos a mi bar. Habrán llegado hasta él guiados por el rótulo de neón color rosa que prende de algún lugar, en la inmensidad del cielo oscuro. Adelante. Están en su casa. Pueden sentarse allí o acá, pónganse cómodos. Y no tengan prisa por marchar, hoy no hay relojes que más valgan que su presencia, que es mi compañía.

Es día de brindis y les vengo a convidar. Así que descorcho esta botella que les traigo, y que se vuelca en raudal infinito hacia todas las copas vacías. Este no es un brindis cualquiera. Es el último. Es el que se hace con el camino prácticamente andado, con los pies encallados y los hombros doloridos de soportar el peso de todo un año. Otro más que se nos va, otro más que se nos queda.

Alzo mi copa a lo alto. Va por ustedes, aquí viene el primero.

Brindo porque estamos y porque hemos venido. Que no solo ser es estar, no solo estar es haber sido. Muchos años a cuestas, quizá no tantos los realmente vividos.

Brindo por el espacio que deja, cuando nos deja, alguien a quien hemos querido. Alguien que todo lo llena, llena también el vacío.

Brindo por cada vez que lloramos: de dolor, de alegría, de tristeza o sin sentido. Lo que ayer fueron lágrimas, hoy son raíces, cimientos, respuestas y copas de vino. (Como esta).

Brindo por el sonido de tu risa, de la mía, de la armonía compuesta riendo y riendo un año más aquí contigo. Brindo porque es el alma lo que suena, felicidad lo que resuena y porque ambos fuimos testigos.

Brindo por lo que callamos, lo que dijimos, lo que pensamos pero no nos atrevimos. Brindo con fuerza y poderío, pues sé que hay palabras que debieron salir, y otras que jamás debieron haber salido.

Brindo por el esfuerzo, por el trabajo, por el sudor y el sacrificio. Y qué dura la tarea de hacerlo, pero qué satisfacción cuando lo has conseguido.

Brindo por los ojos que se miran y se hablan sin sonido. Ssshhhhhhhhh…

Brindo por los aciertos y por los errores cometidos. Y ya siento el calor en mis venas, pero ni borracha me arrepiento de haber logrado y de haber aprendido.

Brindo por quienes, nos pareció, vinieron a este mundo para maltratarnos y herirnos. Brindo por nuestra infinita compasión, brindo por el perdón, brindo por esas piedras en mitad del camino.

Brindo por la ensoñación, la imaginación, la fantasía y el delirio. Brindo por la pasión, la locura y por el impulso de saltar al vacío.

Brindo por el miedo que pasamos y paralizó nuestros sentidos. No era el final aquello, era una prueba más de que no estabas dormido.

Brindo por el amor, tan simple y complejo en sí mismo, tan lleno de matices como estas últimas gotas de vino.

Gracias por su asistencia y por haber brindado conmigo. Y ahora, si son tan amables, diríjanse hacia la salida 2018 con paso firme y decidido. Sean conscientes, sean pacientes. Sean valientes. Recuerden que la razón de la existencia no es otra que vivir. Dedíquense plenamente a ello y por favor: cierren la puerta al salir.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

33

Sonando: Bohemian Rhapsody (Queen)

A sus 33 años, Virginia Woolf publicó su primera novela, Fin de viaje.

A sus 33 años, Steve Jobs había abandonado Apple, compañía fundada por él mismo, para crear NeXT, cuya computadora se convirtió en el primer servidor de la World Wide Web.

A sus 33 años, Marie Curie fue la primera mujer en ser nombrada catedrática de la Escuela Normal Superior de París.

A sus 33 años, Freddie Mercury escribió Crazy little thing called love, primera canción de Queen en alcanzar el número uno en las listas de Estados Unidos.

A sus 33 años, Gloria Fuertes publicó su libro Pirulí (versos para párvulos) y organizó la primera Biblioteca Pública Infantil itinerante por pequeños pueblos.

A sus 33 años, Frida Kahlo pintó Autorretrato con pelo cortado, reflejo del dolor que atravesaba tras divorciarse de Diego Rivera.

A sus 33 años, Jesús de Nazaret falleció crucificado y previamente torturado, tras ser acusado de blasfemia por declararse Hijo de Dios.

A sus 33 años, Coco Chanel vio publicadas, por primera vez, sus famosas chaquetas y prendas deportivas en la revista Vogue.

A sus 33 años, Federico García Lorca escribió Así que pasen cinco años, concluyéndola exactamente cinco años antes de su fallecimiento por asesinato.

A sus 33 años, Jaroslav Drobný se convirtió en el primer deportista de la historia en ganar un mundial de hockey y después el torneo de tenis de Wimbledon.

 

A mis 33 años, no hay algo que me atormente ni que me quite el sueño.

A mis 33 años, me he atrevido a ser valiente y enfrentarme a algunos miedos.

A mis 33 años, he reído hasta la extenuación y llorado hasta quedarme vacía por dentro.

A mis 33 años, he descubierto que tener muchas cosas no es sinónimo de ser más feliz.

A mis 33 años, he conocido mucha gente pero solo a unos pocos puedo llamarles amigos.

A mis 33 años, tengo tantas inquietudes o más que alguien más joven que yo.

A mis 33 años, soy hija, hermana mayor, prima, sobrina, amiga, Amiga, compañera, conocida y desconocida.

A mis 33 años, no he probado el brócoli, la alcachofa o la coliflor.

A mis 33 años, solo he acudido a los hospitales para atenciones sin gravedad, para visitar o para acompañar.

A mis 33 años, he visto publicados mis textos en papel de revista.

A mis 33 años, he viajado y he vivido en un país que no es el mío, y he comprendido lo maravilloso que resulta conocer otras culturas pero también he sabido valorar mi origen y mis raíces.

A mis 33 años, he visto morir una persona delante de mis ojos, a mi abuelo.

A mis 33 años, estoy en la recta final de la carrera universitaria que siempre quise estudiar pero no estudié en primera instancia.

A mis 33 años, sé que la edad es solamente un número.

A mis 33 años, he conseguido vivir en mi propia casa, que es reflejo de mi mundo.

A mis 33 años, cada vez leo más libros y veo menos televisión.

A mis 33 años, sé que escribir es vehículo con el que se expresa mi alma.

A mis 33 años, siento que la canción que armoniza mi vida es Bohemian Rhapsody, con su comienzo suave y su progresión apoteósica in crescendo.

A mis 33 años, soy consciente de que un 4 de marzo de 1985 inicié un camino de baldosas amarillas y que continúa infinito hacia lo lejos, y que no dejaré de caminar porque quiero saber adónde llego.

Pronto más regaliz para dos, amigos.