Todo, ahora

Sonando: I want it all (Queen)

Estoy harta del tiempo. No, no me refiero al clima, a las inclemencias meteorológicas, la lluvia, el viento, las borrascas y los anticiclones. Quiero decir el tiempo, la unidad de medida de… de todo, joder. El metrónomo que marca nuestros días, nuestros meses… Nuestra vida.

Fíjense incluso que he sido atropellada por él. Menuda sensación, la de ser avasallada por el tiempo: losa etérea que te pasa por encima y te empuja adonde él decide, como si de un tornado se tratase. La verdad es que ahora mismo me siento muy Dorothy antes de conocer el fantástico mundo de Oz:

No sé en qué momento fui a parar aquí; no sé si dormí cinco minutos y anduve despierta una eternidad, o por el contrario no consigo despertar de un profundo letargo; no sé si estoy en el mismo punto en el que me encontraba la semana pasada, ni siquiera sé si la semana es pasada o está por venir, porque ha venido el tiempo, implacable, y sin preguntar me mueve a su antojo en un baile que él guía y en el que yo me dejo…

Así que me detuve en seco. Sí, a pesar de que incluso en la calma la música sigue sonando y los bailes danzando, conseguí bajar mi ritmo y solo mantenerlo, como un hilo de vida, a fuego lento. Después del atropello que me tiene aturdida necesito no pensar en el tiempo, y paradojas de la vida lo que invierto, no pensando, es eso, tiempo.

Marionetas en sus manos, todo lo que ocurre y lo que no ocurre, lo que es y lo que no, las palabras que se dicen y las que se callan, los éxitos, los fracasos, aquellos que existieron y quienes no llegaron a ser. Ceñidos a su mecanismo de movimiento incesante transcurren nuestras vidas, y mirar atrás significa contemplar de lejos los posos del pasado, inertes, como piel despojada de serpiente que cae en el olvido infinito.

Sin embargo en ocasiones, sobrevivir con latido ínfimo permite lucidez al cerebro. Y así es como cogí desprevenido al tiempo.

Me planté en su cara y le planté cara. «Maldito seas», le dije, llena de rabia, que no de gracia, por tan tremenda osadía. Te atreves a marcar el rumbo de mi vida eligiendo el inicio y el final de sus momentos, eres el reloj que a Cenicienta le ha escupido de su cuento, le ha privado de aquel beso… ¡Maldito seas, tiempo!

Pero, escúchenme todos atentos: mejor no perder la calma. Después del revuelo y el desasosiego, le robo al innombrable un poco de aliento y, con agallas, le grito muy en serio.

¡Soy imparable! ¡Mi futuro es eterno secreto! ¡No tengo un plan, tengo cientos!

Lo quiero todo y lo quiero ahora, o quizá lo querré luego. Solo yo soy dueña de mis inquietudes y pensamientos. Y tú, tiempo, serás mi camino de baldosas amarillas, mi sendero. Mero espectador de lo que busco y lo que quiero. Me has tenido amordazada, con la soga al cuello; pero mientras haya aire y respiremos, habrá vida. Y mientras haya vida, habrá tiempo.

Inhala los momentos que te brinda, construye con pasión y con criterio. Amanece con el sol de cada día. Si no lo haces, entonces estás muerto.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

Every teardrop is a waterfall

Sonando: Fix You (Coldplay)

…y me sumergí en aquel mar de aguas cristalinas y brillo escarchado, ni sé por qué lo hice, no hubo razón primera, solo me dejé a su merced, a la del instinto que me empujó a ello, abandonarme en aquel océano infinito de superficie iridiscente y profundidad azabache, que asusta y atrae a partes iguales, venciendo por fin el irrefrenable deseo de ser yo ese agua, y de ser ese agua mi propio ser.

Y bucear en la inmensidad de lo inmenso significa perderse en las entrañas de algo que nunca se acaba, mas supone también un horizonte de distancia eterna, que dura la vida, una vida entera, y que lo inunda todo, y que igual que fatiga la sola idea de tener que recorrerlo, tener que recorrerlo amenaza el cometido más maravilloso de esta vida mía.

Así que, valiente de intenciones y liviana de preocupaciones, en esas me encontré yo, deslizándome por el precipicio que aboca al abismo, fea cosa le parece al oído. Pues resultó la inmersión la experiencia más cálida que sintieran jamás mis entrañas, y me acomodé, y me regocijé en ese agua que, para mi asombro, olía a madera, a roble fornido, a pradera, y pensé entonces que sí existía paraíso sobre la faz de la Tierra.

Más tarde llegó , inexorable, el ocaso, con la oscuridad por bandera, y las aguas se tornaron turbias, y subió la marea. La calma fue bravura, hubo olas guerreras. Y me dolía, y le dolía, y lloró, y lloré, y por aquel océano encontré una salida, río de lágrimas surqué, y acababa aquel camino cuando ya solo pensaba que era El Fin ese destino.

Al irse la tempestad regresó la que siempre impera, y sin palabras mediante, todo volvió a ser lo que era. Arduo encontrar modo y manera para explicar los caprichos de la naturaleza, antojo el mío cuando alcanzó mi mirada el balcón de tus ojos, y…

…me sumergí en aquel mar de aguas cristalinas y brillo escarchado, ni sé por qué lo hice, no hubo razón primera…

Pronto más regaliz para dos, amigos.