Final inesperado

Sonando: Breakthru (Queen)

Siempre que hago un viaje por carretera y atravieso un túnel de cierta longitud, me gusta imaginar que la entrada al mismo proviene de una realidad y que la salida nos escupe a otra totalmente diferente. Que el túnel es una especie de máquina espacio – tiempo que atravesamos inexorablemente por el propio devenir del camino iniciado.

Para mí, diciembre es la salida de ese túnel que comenzó en enero y lo que sucede a lo largo de su trayecto es el breakthru del que habla Queen en la canción que escuchas ahora. La transformación, la revelación o, quién sabe, una revolución. Todo un año para avanzar de un lugar a otro, aunque sigas viviendo en la misma ciudad, estés casada con el mismo tipo o no te muevas del sofá. 365 días dispuestos ante tus ojos y la sugerencia de avanzar. Pasar de crisálida a mariposa, aunque no se den cuenta: quizá no saben mirar. Que la procesión va por dentro, casi siempre, cuándo os vais a enterar…

Por otra parte, este túnel es implacable. Te guste o no, lo atravesarás. Mientras sigas vivo, quiero decir. Es el único requisito para poder entrar: tener una vida y asumir que nuestra condición humana exigirá cosas diferentes y cada vez más, que habrá túneles mientras haya camino, y que el camino se hace camino al andar.

Encaramos la ceremonial entrada al volante del vehículo que es nuestro cuerpo e impulsados por la actitud, que es la leña vertida al fuego, divisando un horizonte profundo y en forma de círculo negro. Miedos, temores, dudas. Pero entramos, no queda otra. Y sucede que los miedos se hacen enormes, los temores asustan y las dudas nos llenan. Sin embargo seguimos tenaces, avanzando, porque la vida empuja, porque no hay descanso, y porque resulta que por momentos  aprendemos, crecemos, y entonces ya no hay miedos, ni temores ni dudas.

Miren al frente y observen: el horizonte ha cambiado. Pasó de ser círculo negro a convertirse en círculo blanco. Agárrense fuerte, que es fuerte lo que viene. Cierren los ojos y esperen… Lo mejor de un final inesperado.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

Renacimiento

Sonando: Una noche sin ti (Burning)

Apuro los últimos sorbos de una infusión que sabe a jengibre y a canela. Ahora me ha dado por las infusiones, hay que ver. Siempre miré a “esas personas” disfrutar de sus tazas de té humeantes como si fueran bichos raros, y resulta que ahora yo soy una de ellos. En fin. La clave está en probar cosas nuevas, desde luego. Nunca se sabe lo que te va a acabar gustando. El jengibre pica en la garganta al tragar, por cierto. Pero mola.

Estaba pensando en cuando uno va a una fiesta de esas que prometen. Te pasas no sé cuánto tiempo preparando… Eligiendo, minuciosamente, vestuario, peinado, maquillaje, zapatos, complementos. Emoción. Ganas. Nervios. Voy a pasármelo bien, que dirían los Hombres G.

El caso es que, por fin, la fiesta da comienzo. El tiempo se para, o se dispara, no se sabe muy bien. A horas lo uno, a segundos lo otro. Saludas a gente, bebes, ríes, cantas, bailas, charlas. De repente todo es un huracán de gente, bebida, risas, canciones, bailes y charlas. Y al momento siguiente preguntas la hora y te contesta el final, anunciando su llegada. ¡Maldición! ¡No puede ser! ¡Detengan los relojes!

Entonces, la nostalgia. Esa sensación de desazón, de querer aferrarse al presente; de frustración porque no eres capaz de retener el momento y se te escapa entre los dedos. Cenicienta, sin duda, debió de sentir eso…

A la nostalgia le sigue la compasión, la conciencia, la recomposición de uno mismo. Vale, está bien, la fiesta ha terminado, pero la hemos exprimido. Le hemos sacado todo el jugo y nos quedamos con ello. Para siempre.

Cada año asistimos a una de estas fiestas. Cada año nos preparamos, con ilusión; experimentamos, reímos, lloramos, descubrimos, perdemos, ganamos. Y sentimos nostalgia. De todo lo que ya no es, de todo lo que no está, y del poco tiempo que nos queda para que todavía siga siendo.

Pero este nuevo año, será tal, y haremos algo nuevo.

Llegaremos más lejos de lo que pensamos, y nos sorprenderemos.

Gritaremos más alto de lo que se nos permite. Nos escucharán, y también escucharemos.

Trabajaremos más duro, si cabe. Las metas dependen de la actitud, la dedicación y el esfuerzo.

Seremos más amor, bondad, gratitud, respeto. A cambio, obtendremos más amor, más bondad, gratitud y respeto, en efecto.

Pensaremos, meditaremos, tendremos inquietudes y nos preguntaremos. Aprenderemos, crearemos una mejor versión de nosotros mismos, batiremos las alas y volaremos.

Comienza 2019. El año que nos verá (re)nacer.

Pronto más regaliz para dos, amigos.