Adiós

Sonando: Frágiles (Pereza)

Hagamos de este texto una sala sin paredes, sin puertas, sin ventanas ni techo.

Aquí estamos tú y yo, y ellas, y ellos. Aquí están, sin vida, las personas que viven ahora, tan cerca, todavía más lejos.

Se fueron marchando sin ruido, lentamente y en silencio. Dijeron “adiós” muy bajito, en un suspiro, tan débil como el hilo que pendía de sus cuerpos.

Toda la vida esperando la muerte algún día, y resulta que la muerte, al final, era esto. Qué mente sagaz y retorcida podía prever tal entuerto. Ni la suya, ni la vuestra, ni la mía; pero aquí estamos, tú y yo, y ellas y ellos.

Diciendo adiós, en una sala vacía, a quienes ya no están porque marcharon, porque se fueron. Despacito y en silencio, ahogándonos en esta despedida, con la espinita clavada de que no pudimos acompañar el inicio de sus vuelos.

No estáis solos, os digo, al igual que les habríamos dicho a ellos. Y con estas palabras tiendo mi mano y te abrazo con bravía, y lloro tus lágrimas y te envío consuelo. Porque aquí, en esta sala, estamos tú y yo, y ellas y ellos. Quienes volaron, en realidad, volaron pero no se fueron. Y saldrá el sol algún día, emanando el calor que fue frío primero. Comprenderemos entonces aquella osadía… Despedirse lejos es despedirse ciegos, y mira tú qué curiosa alegría, lo mismo que mirar al sol que ilumina y calienta, que son ellas, que son ellos.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

A la memoria de las personas que vuelan en época de coronavirus, en especial a la de Carlos Bronchalo, y a todas las personas que se quedan, que nos quedamos, faltas de despedida.

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