Lágrimas de Barcelona

Sonando: Barcelona (Freddie Mercury & Montserrat Caballé)

La mañana amaneció soleada. El calor y la humedad todavía podían soportarse, quizá el mejor momento del día para sobrevivir a la climatología propia de un enclave costero durante los meses de verano.

Lo mejor de amanecer un día soleado de verano es el olor que acompaña a la luz. Huele a felicidad, a bienestar. Huele al hogar confortable del que nunca querrías salir. A un montón de horas por delante en las cuales acometer miles de empresas, dar forma a múltiples ideas, atreverse con otras tantas. Huele a vida. A estar vivo.

Creo que esta historia se entiende mejor si con versos se explica.

La vida surgía aquella mañana de agosto, ajena a cualquier oscuridad que pudiera ensombrecerla, era el modo en que lo hacía. Tímida, despacio, casi de manera inocente. Poco a poco, para que cada minuto de esa mañana, fuera alimento del alma, que alimentara la vida.

El paso del tiempo hizo brillar más el sol, y la abrazó con su abrazo de fuego. Sintió pronto el calor y sonrió. Estaba tan bonita como siempre, y a la vez más bonita que ninguna, y lo sabía, y lo apreciaba, porque así se comentaba y se decía.

No sé si ha de haber noche para que exista el día. Si es necesario el negro por el blanco, la tristeza por la alegría. Odio que compense al amor, terror a la serenidad, ¿acaso es la dualidad, el gran sino de la vida?

Parecía imposible, pero no. Cando menos se le espera, que es siempre y es nunca porque, dualidades de la vida, esto es una más, una más en esa lista, surge, de las tinieblas, el demonio borracho de malicia. Lo inundó todo e hirió con sangre y muerte, y se hizo de noche y deslució aquel día.

Lloró la bella Barcelona, ultrajada, despreciada, malherida. Nacía el llanto en la plaza, bajaba la Rambla y por delante de Colón, en el mar se despedía.

Lloramos todos con ella, nuestra Barcelona bella, nuestra Barcelona querida. Limpiamos todos con lágrimas la vida derramada y la sangre allí vertida, y después nos frotamos los ojos porque ciegos no estamos y porque quisimos mirar hacia arriba.

Hoy amaneció de nuevo un nuevo día, tímido sol, pero mañana fría. “No tengo miedo”, dijo alguien, y resonó fuerte en los oídos de todos nosotros, los que amamos la vida. Que el frío del terror se disuelva con el calor de nuestro abrazo y el compás de nuestra risa. Que no tengamos más que llorar, que de emoción y de alegría.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

A las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils, y a las de cualquier parte del mundo.

 

El día en el que Freddie Mercury me salvó

Sonando: Innuendo (Queen)

Que estaba yo perdida. Que no ausente, sino perdida.

No perdida de no estar, de no dar señales de vida (aunque también). Estaba yo perdida de cuando uno no se encuentra. De cuando viene una tormenta y entonces explota el cielo. Y cuando, en la inmensidad de la misma, piensas que no puede empeorar, pero lo hace. Y miras hacia arriba con más miedo que vergüenza, y lo de arriba te mira a ti desafiante, ceño fruncido, rostro muy negro. Que jamás vi diluviar así, romperse el todo y aparecer la nada, como aquel día.

Anduve tanto tiempo que ni sé cuándo ocurrió aquello. Solo la sensación de vagar sin rumbo hacia un horizonte continuamente inalcanzable. Y por más que me acercaba, más lejos lo veía.

Pero recuerdo estar tranquila. Dicen que así se está cuando se está en el ojo del huracán. Porque estar he estado, ¿eh? En todo momento, ocupando mi espacio vital. Que una cosa es estar presente y otra muy distinta es estar consciente, y yo he estado, presente.

Cuando se camina sin rumbo y sin destino la mente se impacienta. Somos tan simples que si no controlamos los principios y finales tendemos a bloquearnos. En primer lugar desarrollamos cierta inquietud, pero si se hace largo el sendero, la inquietud desaparece fulminada por la desesperación. A partir de ahí todo se mueve dentro de una espiral lúgubre que inexorablemente lleva a la (auto) destrucción. Que estamos programados para caminar con el hecho implícito de avanzar, pero, ¡ay! cuando el suelo que pisamos es una enorme cinta transportadora que gira, incesante, hacia el infinito.

En el transcurso del viaje no dejaba yo de hacerme preguntas. Sucede que en los momentos de estar a solas con uno mismo resulta casi imposible mantener el silencio, y como allí no había guion alguno, brotaban las preguntas, una tras otra, sin descanso, y yo no daba abasto para pensar en respuestas. Que, de nuevo, cuando no se le encuentra sentido, cuando no existe alfa y omega, la mente se satura y se bloquea. Y después de tanto tiempo a la deriva, sin obtener respuestas, uno ya no desespera sino que deja de sentir, de latir, de respirar. Y desciende, a no sé dónde, y se deja.

Y ahí es cuando se está perdido. Y ahí es cuando no existe noción del tiempo, y comienza a pasar la vida. La vida pasa, pasa por encima de ti, quiero decir. En lugar de tú sobre ella.

En la quietud de verse en esas, es fácil darse por vencido. Vamos, admitámoslo: si nos cuesta trabajo, valoramos la posibilidad de no hacerlo. También somos así de ruines. Capaces de tirar por la borda el peso de nuestra vida con tal de no emprender esfuerzos sobrehumanos que nos despierten de este tipo de letargos.

Total. Que en aquella tesitura de niebla espesa e infinidad absoluta, se ha abierto el cielo, de repente y no por casualidad, pues yo no creo en ella, y la voz más maravillosa que jamás escucharon mis oídos se me ha posado en el alma y nítidamente ha dicho:

You can be anything you want to be
Just turn yourself into anything you think that you could ever be
Be free with your tempo, be free, be free
Surrender your ego be free, be free to yourself

Y ya está, y no hay más, punto, final, finito. Que todo este embrollo era así de sencillo. Que me he tenido yo que perder para que Freddie Mercury osara salvarme. Y lo ha conseguido.

Pronto más Regaliz para dos, amigos.

 

Infinito

Sonando: Vivimos siempre juntos (Nacho Cano)

No le diremos a nadie cómo nos conocimos,

si se hizo la noche aquel día, si fueron tus labios o fueron los míos.

Y no contaremos tampoco, cómo fue que crecimos,

viajando adentro y afuera, los dos recorriendo el mismo camino.

Callaremos muy fuerte todo lo que nos dijimos,

miradas, palabras, silencios: fuimos, en la sombra, dos cazadores furtivos.

Maldito seas, tiempo, siempre que quisiste haberte ido,

mas gracias por quedarte cuando te volviste eterno e infinito.

Ni cómo, ni cuándo, ni dónde, ni locura cuerda o sin sentido,

no le diremos a nadie que soy muy tuya, y tú muy mío.

 

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

El Pez Volador

Sonando: La milonga del marinero y el capitán (Los Rodríguez)

Hace algún tiempo, existió un barco que surcaba los mares. Quizá no fuera el más grande, ni el más imponente, pero a todos gustaba por estos lares. Lleno de lustre y humildad, cada puerto que visitaba, se sentía honrado de verlo atracar.

Lo llamaban “El Pez Volador”, ya que, al igual que este animal marino, a pesar de su reducido tamaño, conseguía avanzar firme, constante, veloz . Algunos aseguraban haberlo visto volar, pero bueno, ya sabéis: a la gente le encanta hablar.

Aunque bonito por fuera, sin duda lo mejor de El Pez Volador estaba adentro: una tripulación fuerte, unida, el buen trabajo era su anhelo. Guiada por el mejor capitán, liderada por los mejores segundos de a bordo y sujetada por los mejores marineros. Todos en aquel barco eran considerados piezas importantes, pues se sabían responsables de procurar el ritmo y de mantener un rumbo certero.

En esas estuvo nuestro Pez volador, prolongando su buena fama en el tiempo, durante meses y años enteros. Un día, uno de los segundos de a bordo decidió abandonarlo en busca de nuevas rutas y nuevos puertos, y, aunque algo apenados, capitanes y marineros lo despidieron, y pensaron que era buen momento para abordar nuevos tiempos.

Llegó en su lugar alguien llamado Pistolero, (no se le veían pistolas, eso lo descubrieron luego). Y así comenzó una nueva etapa, y los nuevos tiempos parecieron buenos. Pistolero irrumpió asentando su derecho, así que el barco cambió de rumbo y al capitán le dio un mareo, pero una vez se repuso, siguió guiando en silencio.

Y pasó de nuevo el nuevo tiempo, y resultó que no era líder sino tirano, este Pistolero. Unió lazos con el patrón, que es el que tiene dinero, y este, borracho de ignorancia, le obsequió con su alma por completo. Mientras tanto el capitán, siguió guiando en silencio, y no hacían sino remar y remar, aturdidos, los tenaces marineros.

El Pez Volador perdió el otro segundo de a bordo, y así engrandeció Pistolero. Y como un tirano no es otra cosa que un poderoso lleno de complejos, se vio solo y sintió miedo. Mas el destino caprichoso puso un repuesto de lujo, un Bufón sin tapujos, un bandido perfecto. Pronto se hicieron amigos Bufón y Pistolero, y no es el orden descrito, ni lo de “amigos” lo cierto. Ambos eran mentira, y todos lo sabían, y todos lo sabemos: que el tirano necesita bufones, y los bufones pistoleros. Mientras tanto ahí abajo, remaban, sin mesura, los constantes marineros, y donde antes se alentaba, latigazos hubo luego.

Olía tanto a injusticia, que gritó algún que otro marinero. Que si de remar se trataba, ya sabían lo que hacían, ya tenían buen criterio. Desagradó la rebeldía de aquellos que con osadía, desafiaron a Bufón y Pistolero, así que resultó que desde ese día, remaron encañonados los valientes marineros.

Y el patrón en su ignorancia derrochaba y sonreía, y Bufón y Pistolero se empeñaron en hacer lo que ya hacía el guía. Capitanes no nacieron ni jamás que lo serían, y el barco turbulento navegó, a duras penas, durante noches y días.

Sin rumbo definido, avanzar resultaba complejo, y de tanto sobre esfuerzo, El Pez Volador, aunque robusto, se fue quebrando y se fue hundiendo.

El capitán permaneció en el barco, siguiendo la norma, siguiendo en silencio. Avistaba tierra firme, pero no saltaría el primero.

Sí se lanzaron al agua los maltrechos marineros, mas sus brazos bien curtidos, de remos y más remos, hicieron posible la huida, y pusieron sus pies en el suelo. Y anduvieron su camino, por la vida, recibiendo cuanto dieron.

El patrón dijo que nada creía, asombrado por aquello. Quiso encontrar la salida pero sin alma fue un “quiero y no puedo”; y con el agua ascendiendo, a todos y a nadie veía, cerró los ojos pensando que era en tristeza y no en agua donde él se sumergía.

Con el barco casi hundido, quedaban aún el tirano y su palmero. Amarrados a la borda trataban ellos de salvar su ego, pero no se sostenían, uno de los dos habría de morir primero. Empujando por la espalda, en un acto rastrero, Bufón trató de vencer a quien antes fue su amigo, a su ilustre bandolero. Que Dios los cría y ellos se juntan, dice nuestro refranero, los dos de la misma calaña, envenenados por el mismo veneno. Falló el intento homicida, y Bufón no esperaba esto: que antes le dispararía, con su pistola, Pistolero.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

 

 

 

Poesía basada en hechos reales

Sonando: Un giro teatral (Manolo García)

Cuando todo flota en el aire,

cuando nada está decidido.

La vida se retuerce, tu vida se retuerce,

fuerte, brusca, imponente,

como si de nuevas hubiera surgido.

Mas no te asuste asomarte al abismo,

hondo es y aterra lo desconocido.

Que si caes yo caigo contigo,

que todo depende de un giro.

Que si de mí dependiera, girarías conmigo.

 

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

 

El triunfo del mediocre

Sonando: ¿Qué hace una chica como tú, en un sitio como este? (Burning)

Solo pido un poco de coherencia. Matamos en nombre de dioses, nos gobiernan descerebrados, nos dirigen los mediocres. El mundo va como va porque la batuta suele caer en manos equivocadas, la orquesta reacciona y la melodía suena inevitablemente desafinada.

Lo cierto es que no merece la pena maltratarse pensando por qué mandan los que mandan. Y me consta que pretendemos cambiar viejas tradiciones, sí, pero han sido demasiados años viviendo entre bolas de naftalina. Por desgracia estamos llenos de mitos erróneos y afrontamos nuestra vida asimilando la falsa realidad que es esa, el mundo dirigido por incompetentes. Una reluciente mierda de purpurina.

Comprendemos que el poder se consigue a base de sudor a veces, y a base de aprovecharse de una buena herencia o de una buena persona, otras muchas veces. Y vaya por delante que esta no es una cuestión de enchufes, sino de saber defender lo que uno representa. De mantener reputaciones y castillos de arena que un día alguien hizo por construir.

Seamos sensatos. El hecho de que los incompetentes nos dirijan no es solo cosa de ellos. Nosotros tenemos ahí nuestra parte de responsabilidad. Quizá no les hayamos colocado en el lugar que ocupan, o quizá sí, pero aceptando esa bizarra realidad lo que conseguimos es aceptarlos a ellos. Nosotros mantenemos su pantomima y nos convertimos en polinchinelas. Llegados a este punto, me encantaría crear un ejército de gente humilde, trabajadora y con inquietudes, con el que mancillar, a base de buenas acciones, la sinrazón de todos estos entes que nos dominan. Porque sí, resulta que somos más que ellos, aunque se nos oiga menos.

En mi faceta de analista empedernida intento comprender el modo de actuación de cada actor. Después de mucho observar, he llegado a la conclusión de que existe una constante: el miedo.

El que mata en nombre de los dioses, lo hace por miedo a las represalias divinas que el hecho de no hacerlo, acarrearían.

El que gobierna en el radicalismo más absurdo, lo hace preso del miedo que le causa lo desconocido, negándose a una evolución sostenida.

El que dirige en la mediocridad absoluta siente miedo a ser desbancado de su trono, y por eso descarga sus complejos, en forma de ira, sobre sus dirigidos.

Y el que se deja dirigir por las escalas superiores, cuando estas son deficientes, se resigna a ello por miedo a que puedan hacer (mal) uso de su poder.

Es una especie de rueda tenebrosa. Es puro miedo.

Así que desde este, mi rinconcito, voy a intentar disparar primero. Hoy mi mensaje va dirigido a todos los que no merecen el poder y sin embargo lo disfrutan. Escuchen bien atentos:

Queremos líderes de buena calidad, en el ámbito de aplicación que corresponda, pero sobre todo de calidad humana sobresaliente. Queremos semejantes que sostengan las riendas con firmeza y buen criterio, no que nos fustiguen con ellas convirtiéndonos en cuadriga a su antojo. Exigencia desde ambas partes. Aspirar a lo mejor motivados por el mejor.

Me pregunto entonces qué hace una chica como yo en un lugar como este, si este no es mi sitio, como dice la canción. Y creo que, llegados a este punto, nos queda ser la versión más brillante de nosotros mismos. Dejar una huella impecable, tanto, que ni el viento ni el tiempo sean capaces de borrar. He ahí el quid de la cuestión: otros no podrán decir lo mismo.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

Ilustración: http://www.jrmora.com

La rentrée

Sonando: J’ai deux amours (Madeleine Peyroux)

Ya sabéis que las cosas, en esta casa, siempre se han hecho como a mí me ha dado la gana, guste más o guste menos.

Primero quise escribir un post que despidiera el año. Sí, la típica perorata haciendo balance de 2016, refiriéndonos a esos logros conseguidos, a lo mucho que hemos madurado, a cuánto hemos aprendido de nuestros errores… Acompañado seguidamente, cómo no, de nuestras aspiraciones, que no propósitos, para 2017. Ya aviso que buscaré todo el tiempo sinónimos de “propósito” para evitar mencionar esta palabra que odio con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento.

El caso es que al final fue que no. Ni resumen, ni perorata, ni nada de nada. Una vez más, sobrepasada por todo lo demás. Tsunami de realidad, de rutina, de compromisos y, por qué no decirlo, apatía. Demasiados pocos alicientes a los que dedicar el maravilloso arte de la escritura.

Comenzó 2017 y pensé en redactar algo así como un post de bienvenida. Quizá haciendo referencia, de soslayo, al año anterior, pero en este caso centrándome en los 365 días que estaban por venir. Proyectos, cambios, renovaciones por dentro y por fuera…. En fin, nada que no se os haya pasado a vosotros/as por la cabeza cada vez que llega un año nuevo.

Pues también fue que no.

Así que, un siglo mediante, ayer empezamos marzo. El mes que me verá cumplir 32 y dará el pistoletazo de salida a la primavera. Se supone que es época de florecer, de resurgir, de revivir, de volver a nacer, ¿no?

Pues como no he venido yo a este mundo para marchitarme, y además pienso mantenerme hambrienta mucho tiempo… Me he plantado, amigos.

Estamos de obras, oficialmente. He comenzado a reorganizarme la existencia y no sabéis de qué manera. No lo sabéis, entre otros motivos, porque lo estoy haciendo en voz baja. Sin hacer ruido, poco a poco, pasito a pasito. ¿Recordáis eso de “cambiar cosas para cambiar las cosas”? Pues ahí ando, aplicándome el cuento de una vez por todas.

Porque resulta que soy la persona más importante de mi vida.

Y tengo que quererme, y además demostrármelo. Así que, sencillamente, estoy construyendo mi mundo feliz. He dibujado un boceto e iré colocando ladrillos de aquello que me llene, que satisfaga mis inquietudes, que contribuya a mi desarrollo personal y que mejore mi calidad como ser humano. Quiero tener una base sólida, ya que sin ella no hay construcción que se sostenga. Por eso trato de observar más que nunca, pensar más que nunca y cuidar más que nunca el diálogo interior, ese que mantenemos con nosotros mismos y que apunta directamente a nuestra autoestima.

Quiero asegurarme de que tengo claro qué o quién entra en mi vida y qué o quién se queda en mi vida.

Y quiero que esta construcción de mí misma no tenga asignada fecha de conclusión, sino ser capaz de elevar niveles a buen ritmo y afianzando los anteriores. Quizá haya un día en el que tenga que colocar el pináculo de la torre y pueda divisar desde allí la inmensa grandiosidad de París.

Y es por eso que hoy, con el año ya en marcha y con los andamios puestos, me salto los convencionalismos y descorcho una botella que nos vamos a beber juntos. Este año os invito a que os atreváis en lugar de a que os propongáis. Que los propósitos son cosa de papel y boli pero en el atrevimiento hay coraje y alma.

Y si merece la pena como para tener coraje y dejarse el alma, entonces sí, merecerá la pena. Feliz 2017.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

 

Las cosas que nunca te dije

Sonando: De momento abril (La Bien Querida)

  1. Me caíste mal cuando nos conocimos.
  2. En el fondo te envidio.
  3. Eres insoportable, irritable y muy poco masticable.
  4. Admiro tu fuerte personalidad.
  5. Me hiciste daño aquella tarde. Mucho.
  6.  Eres la última persona en quien pienso antes de dormir, y la primera al despertar.
  7. Tu mediocridad supera con creces todos los títulos que puedas ostentar.
  8. Gracias.
  9. Acéptate y aprende a vivir contigo.
  10. Es valiosa tu generosidad.
  11. Antes de hablar, piensa lo que vas a decir.
  12. Eres muy valiente.
  13. Me hacen gracia tus supersticiones. Y sí, ahora yo también odio el número trece.
  14. No, no esperé cinco minutos como te conté… En realidad fueron horas.
  15. Te quiero.
  16. Cuanto más criticas a los demás, más te dejas en evidencia.
  17. Verte sonreir es lo mejor que le puede pasar a cualquiera.
  18. Consigues sacar lo peor de mí.
  19. Pasaría horas escuchándote hablar.
  20. Detesto tu ignorancia consentida.
  21. Tengo perfectamente ideado ese viaje.
  22. Entonces quise morirme.
  23. Eres mi debilidad.
  24. Estás exagerando demasiado.
  25. Perdóname.
  26. Quizá podamos hablar también de mí.
  27. No solo estoy para lo malo.
  28. Cada día aprendo algo nuevo a tu lado.
  29. Me gusta la gente humilde y tú no lo eres.
  30. ¿Te he dicho ya que te quiero?
  31. Pensé que contarías conmigo.
  32. Consigues sacar lo mejor de mí.
  33. Es muy triste que pagues tus carencias y frustraciones con los demás.
  34. Sí, quiero.
  35. Se te ve el plumero.
  36. Confío en ti.
  37. A veces lloro y no encuentro consuelo.
  38. No quiero que te vayas.
  39. Deja de hacer el ridículo.
  40. Ojalá hubiera estado contigo.
  41. Necesito ayuda.
  42. Te echo de menos.
  43. No haces gracia.
  44. Yo también lo estaba deseando.
  45. Me escuecen tus éxitos.
  46. Te estás agarrando a un clavo ardiendo, por pura desesperación.
  47. Cállate.
  48. Eres el espejo donde yo me miro.
  49. No me atrevo a decirte todo esto.
  50.           (Escriba aquí aquello que le hubiera gustado decir y sin embargo se calló)          

Pronto más regaliz para dos, amigos.

Un año de blog

Sonando: Un año de amor (Luz Casal)

Siempre tuve claro que de estos deditos de pianista que Dios me dio nunca saldrían melodías de piano pero sí esas ideas que me rondan la mente y la agujerean como queso Gruyere desde tiempos inmemoriales. No es que de los dedos salga literalmente algo, entendedme seres del Averno, solo trato de expresar que mis manos, a través de la escritura, iban a ser capaces de plasmar aquello que surge en mi cabeza.

La oratoria nunca fue mi mayor cualidad, mis habilidades sociales no se caracterizan por una enorme elocuencia, tampoco puedo decir que se me oiga en exceso allá donde voy. No soy la pesada que te taladrará con llamadas telefónicas para esto y aquello y rara vez seré la primera en hablar en público, lo cual no significa, por otra parte, que permanezca ausente a todo lo que me rodea. Os observo, amigos. Mucho.

Soy de las de “la procesión va por dentro”, una especie de esponja que se pasa el día absorbiendo información, datos, comportamientos, actitudes, imágenes, palabras, conversaciones, sonidos… Después los proceso y los macero, durante tiempo indefinido, en mi chaveta loca, y cuando adquieren consistencia y forma, regresan al exterior convertidas en letras, palabras, frases, párrafos… Y entonces todo tiene sentido.

Un día comprendí que estaba acumulando demasiadas cosas en ese ámbito etéreo de mí misma, que debía hacer caso a mi intuición que ya me venía avisando de que la carrera de piano no era lo mío, y que comunicar no solo es abrir el pico, como tantas veces os digo. Así que con un poquito de aquí y otro poquito de allá… Nació Regaliz para dos, un jueves 1 de octubre, de hace exactamente hoy un año.

Vio la luz Regaliz para dos un 1 de octubre de 2015 y prácticamente nadie supo de su alumbramiento. Fue algo mío, como casi todo lo que hago, porque me paso tanto tiempo dentro de mi círculo íntimo que a veces olvido que formo parte de un colectivo llamado sociedad, con grupos cercanos que requieren atención y actividad por mi parte. Pero bueno, en este caso me perdonaréis que no anunciara a bombo y platillo el inicio de este blog, porque es algo muy mío y las cosas de uno, uno decide cuándo presentarlas.

Decidí que la entrada del 17 de noviembre sería la idónea para saludaros y haceros conocedores de Regaliz para dos. Coincidiendo con el 16º aniversario de la muerte de Enrique Urquijo, creé un relato que de verdad me habría gustado hubiera sido cierto, en el cual Enrique no moría. Estuve (estoy) muy orgullosa de esa historia y pensé que no había mejor manera de contaros mi proyecto personal, que esa. Y así hice, y así es como conocisteis Regaliz para dos, y con ello mi faceta de hablar con palabras escritas, o escribir con palabras habladas, de las que salen desde muy adentro.

Algunos os asombrasteis y otros muchos no, porque quienes más me conocéis ya sabíais que nunca fui de números y mucho de letras, por lo tanto esto era algo casi previsible. Para mí fue realmente un gran paso y forma parte de mi trabajo conmigo misma en saber manejar mi timidez y potenciar mis cualidades, porque para eso están, amigos.

Así que desde entonces y hasta hoy, he ido publicando, con mayor o menor asiduidad, una entrada o post en este blog que es muy mío pero que cada vez es más de todos; os he invitado a reflexionar, a pensar, a hacer autocrítica; también os he incitado a reír, a emocionaros, ¡a preocuparos por mí en alguna ocasión!, y a tararear canciones y tener siempre, en cada nueva entrada, una canción de fondo. Regaliz para dos se lee con música, porque las palabras fluyen y se asimilan mejor cuando tienen una melodía sobre la que apoyarse.

Hoy, además de celebrar que escribo públicamente desde hace un año, quiero presentaros la lista o playlist, en Spotify, de Regaliz para dos. Todas y cada una de las canciones que han dado soporte, y continuarán haciéndolo, a todos las publicaciones que han sido, son y serán. Os invito a localizarla y a seguirla, a leerme con ella sonando, o simplemente os propongo que la hagáis vuestra en aquellos momentos que consideréis. Podéis acceder a ella pinchando aquí.

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Y como hoy estamos de cumpleaños, me encantará que os toméis esa copa de vino, cerveza, refresco o Cola Cao con magdalenas a la salud de este blog, de la palabra, de comunicar y de echarle ganas a las cosas que te gustan y que te hacen feliz. Gracias a todos por invertir unos minutos de vuestro tiempo en leerme siempre, no sabéis lo gratificante que es. Seguiremos compartiendo regalices, mientras estos dedos den voz a las ideas.

Pronto más Regaliz para dos, amigos.